Podemos encontrarnos rodeados de gente y en nuestras mentes sentir la agonía de la soledad. La soledad no está determinada solo por un número de relaciones que tenemos, sino que también está afectada por cómo experimentamos la calidad y la profundidad de estas relaciones.
Actualmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene en cuenta la soledad y el aislamiento social como factores determinantes para la salud y el bienestar. No se trata sólo de una experiencia emocional: el mantener vínculos significativos es uno de los factores que protegen nuestra salud a lo largo de la vida.
La soledad no deseada puede llevar a pensamientos negativos sobre nosotros mismos y los demás, y puede aumentar la sensación de aislamiento. Por lo tanto, muchas veces no basta con “estar en compañía”: necesitamos sentir que somos escuchados, comprendidos y que formamos parte de un grupo o comunidad. Los seres humanos necesitamos conexiones afectivas con otros, más o menos cercanos, pero otros que nos ayudan a dar sentido a nosotros mismos y a nuestras acciones.
Cuidar nuestros vínculos es también una forma de cuidar nuestra salud mental. Unas cuantas acciones sencillas pueden hacer la diferencia:
La salud mental también se construye en relación con los demás. Ser capaz de compartir, pedir ayuda, ayudar y saber que pertenecemos son cosas que nuestro cerebro necesita y que pueden llegar a ser importantes factores de protección a lo largo de la vida.
Conectar es también cuidar.
Lic. Anabella Corigliano
Cacioppo, J. T., & Cacioppo, S. (2014). Social relationships and health: The toxic effects of perceived social isolation. Social and Personality Psychology Compass, 8(2), 58-72.
Hawkley, L. C., & Cacioppo, J. T. (2010). Loneliness matters: A theoretical and empirical review of consequences and mechanisms. Annals of Behavioral Medicine, 40, 218-227.
World Health Organization. (2023). Social connection linked to improved health and reduced risk of early death. World Health Organization.