
El entorno no solo nos rodea, también nos moldea. La falta de luz natural, la sensación de encierro y la repetición de jornadas similares pueden influir en nuestro estado de ánimo, nuestros niveles de energía y nuestra motivación para mantener determinadas rutinas.
La lluvia o el mal clima invitan a quedarse en casa, descansar, reducir el ritmo y dedicar tiempo a actividades que habitualmente postergamos. Sin embargo, la contracara puede ser la reducción de vida social y de la actividad física. Y ¿cómo nos sentimos de este modo?
Son muchos los especialistas que indican que hay una relación entre las condiciones meteorológicas, la actividad cotidiana y el bienestar emocional. Se refieren tanto a que la lluvia, el calor y los fenómenos climáticos extremos pueden relacionarse con cambios en la energía, el descanso y el estado de ánimo. No obstante, estas relaciones varían entre personas y no implican que todos reaccionemos de la misma manera. La manera en que vivimos los cambios del tiempo depende de muchos factores: nuestra situación personal, el entorno, las costumbres y el apoyo con el que contamos.
Si bien la evidencia científica también invita a considerar estos efectos con prudencia, existe consenso sobre el trastorno afectivo estacional es un tipo de depresión relacionado con ciertas épocas del año. Puede manifestarse como tristeza persistente, pérdida de interés y poca energía. Pero no debe confundirse con sentirse menos animado de vez en cuando en un día lluvioso.
¿Qué podemos hacer cuando el clima altera nuestras rutinas? Tal vez convenga adaptar los horarios, hacer ejercicio bajo techo, mantener el contacto con otras personas, aunque cueste salir y aprovechar la luz del día cuando se presente la oportunidad, ser más conscientes de cómo nos está afectando el entorno. Estas medidas son estrategias de protección psicológica y ayudan a conservar hábitos beneficiosos.
También vale la pena prestar atención a nuestras necesidades de descanso y notar si el aislamiento o la inactividad se mantienen en el tiempo. Si la tristeza, el cansancio o la falta de interés continúan y dificultan la vida diaria, puede ser útil consultar con un profesional.
Más que preguntarnos si el clima influye en el bienestar, podemos observar cómo se combina con nuestras rutinas, relaciones y circunstancias. No podemos cambiar el tiempo, pero sí aprender a reconocer sus efectos y buscar formas de cuidarnos.
Fuentes de consulta: